El viernes 5 y sábado 6 de Diciembre en la SALA PEREDAdel Palacio de Festivales a las 20:30 h.

Un parque, de por sí, ya es un escenario. Citas concertadas, encuentros casuales, conversaciones fútiles que en ocasiones devienen en reflexiones profundas de dos o más individuos, hogar de indigentes, lugar de contemplación, de paseo, de juego, de seducción… El banco se convierte en el sitio idóneo para la complicidad o el antagonismo, aunque sólo sea por la proximidad física de dos desconocidos. La palabra hace el resto. Este es el punto de partida de las 8 piezas que componen Continuidad de los parques, como también lo fue anteriormente en obras como El Square, de Marguerite Duras, o Historia del Zoo, de Edward Albee. Pero a diferencia de éstas, donde asistimos al drama de sus personajes,  Continuidad de los parques nos propone un juego perverso, cómico y engañoso; un retablo de apariencias, de continuos equívocos a medio camino entre el realismo y el absurdo.  Es una obra repleta de sorpresas, ágil, desconcertante y eminentemente divertida.

En Continuidad de los parques, Roberto Álvarez, Fele Martínez, Gorka Otxoa y Luis Zahera, interpretan a más de 20 personajes, que se cruzan, chocan, encuentran y “desencuentran” en un parque. El parque, ese trozo de verde en medio del cemento, del ruido y de la “multitudinaria” soledad de las ciudades. Allí, en un parque, se apaciguan los ruidos exteriores y los interiores, se modifican los olores, el ritmo, el latido. En un parque cambian las reglas del juego, y uno se encuentra consigo mismo. Y, puede que gracias a eso, se encuentre también con el otro. ¿O es al revés? ¿Es el encuentro con el otro el que propicia que uno se descubra a sí mismo?

La obra disecciona, a través del humor, el dilema entre tu verdad, mi verdad, y la verdad, y es el espectador el que finalmente elige su propia aventura. Continuidad de los parques bebe del espíritu de los relatos de Roald Dahl y de Saki. Su afán común es el de sorprender, con ingenio y sentido del humor; componer situaciones donde el desenlace imprevisto de sentido a la extrañeza inicial. Los personajes adquieren su verdadera dimensión, su comportamiento “coherente”, una vez sobrepasan el umbral de lo incomprendido. Y precisamente como consecuencia de ese conocimiento equívoco y parcial, el espectador puede disfrutar del desconcierto y el regocijo.

Continuidad de los parques nos da una visión distorsionada de la realidad a través de la mirada de algunos de sus personajes. En casi todas estas piezas existe una clara dualidad entre locura y racionalidad, una confrontación entre el inconfundible mundo exterior observado por un personaje y la visión modificada, desde el interior, por parte de otro personaje. Y en ese, digamos, conflicto, el individuo racional y pasivo acaba entrando en el juego del antagonista, ya que es contagiado o conducido hacia el desequilibrio, el paroxismo o el placer que le procura esa nueva visión de la realidad.