Santander recordará la historia de la explosión del vapor Cabo Machichaco, en la que murieron cerca de 600 personas, mediante dos grandes murales interpretativos en la plaza que lleva su nombre, junto al monumento que recuerda la tragedia.   

El alcalde, Íñigo de la Serna, lo ha anunciado con el presidente de la Real Asociación Machichaco, Jesús Torcida, tras participar en el 122 aniversario de la catástrofe, junto al monumento que recuerda a las víctimas, donde se ha colocado una corona de laurel.   

De la Serna ha subrayado la importancia de conservar las tradiciones y dotarse de elementos que ayuden a los ciudadanos a seguir recordando la historia de la ciudad, incluido un episodio tan trágico como éste, en el que fallecieron cerca de 600 vecinos, prácticamente el 12 por ciento de la población de la ciudad en aquella época.

Por eso, ha reconocido la labor que realiza la Real Asociación Machichaco para mantener vivo ese recuerdo y poner en valor la historia, una línea en la que se va a seguir trabajando con la nueva iniciativa que ha planteado ahora al Consistorio.   

Según ha explicado el alcalde, el Ayuntamiento está trabajando con la asociación y con la empresa concesionaria del parking subterráneo para colocar dos grandes murales en los laterales Este y Sur de la entrada, que permitan dar a conocer este episodio histórico a los visitantes, y a los propios vecinos, para que puedan tener un conocimiento más profundo.   

Para ello, se contará con la colaboración del Centro de Documentación de la Imagen de Santander (CDIS), y con todos aquellos que conocen en profundidad lo sucedido aquel 3 de noviembre de 1893, con el fin de plasmar en esos murales fotos y datos de la catástrofe.

La explosión del Cabo Machichaco en el puerto santanderino es uno de los mayores accidentes civiles ocurridos en la historia de España y la mayor tragedia vivida en la ciudad.

El suceso además destruyó 60 edificios de la ciudad y dañó seriamente otros 86.   

La explosión del buque -que albergaba 51 toneladas de dinamita en su bodega- y el incendio posterior, dejaron una notable huella en la ciudad, no sólo por la pérdida de vidas humanas, sino también porque cambió su fisonomía y su desarrollo urbanístico.