El biólogo investigador de la Estación Biológica Doñana-CSIC Alberto Fernández-Gil “desaconseja” la realización de controles de población del lobo porque, según ha dicho, impiden la capacidad que tiene esta especie de “tener un efecto saludable” en ecosistemas como la Cordillera Cantábrica.   

Ha mantenido que con estos controles –caza de lobos llevada a cabo tanto por las Administraciones Públicas como por los cazadores deportivos por ejemplo, en Cantabria– la población “probablemente sería muy parecida” pero concentrada en grupos más grandes que actualmente.   

Durante su intervención este jueves en una mesa redonda del seminario ‘La Cordillera Cantábrica como centinela de los efectos del Cambio Global’, que se celebra en la UIMP, Fernández-Gil también ha aclarado que en la Cordillera Cantábrica “no es posible” lograr una “población natural” del lobo por la presencia humana.

Y es que, según ha dicho, “siempre va a haber tasas de mortalidad más altas” del lobo por la presencia del hombre, por lo que ha asegurado que “no entiende cómo la caza puede aumentar la tolerancia”. “Algunos estudios demuestran que no está siendo así”, ha añadido.

Al mismo tiempo, ha comentado que en comunidades autónomas como Castilla y León los cazadores “sí presionan” para que haya más controles poblaciones, pero que en el caso de Asturias “son los propios ganaderos” quienes lo piden, “aunque no les benefician”.

Por otra parte, y al margen de este asunto, el biólogo ha opinado que, en los últimos años, se está produciendo “una cierta perversión en la retórica del ecoturismo”, afirmando que es “bueno para la conservación”, cuando lo “es una oportunidad de negocio”.   

Respecto a esta actividad, ha aclarado que el ecoturismo “está bien si tiene efectos de sensibilización” en los ciudadanos.