La artista madrileña Rosalía Banet, seduce y pertuba al espectador con el territorio de cuento que explora en su exposición temporal Fábrica de Conservas Agriculces ‘Las Golosas’ que se puede ver en el Espacio MeBAS del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS).

La propia artista ha presentado este viernes la exposición-instalación de 40 metros cuadrados, y que ha donado al museo santanderino, en una rueda de prensa en la que ha estado acompañada de la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santander, Miriam Díaz, y del director del MAS, Salvador Carretero. Se podrá ver hasta el próximo 4 de octubre, está formada por dibujos, cuadros, fotografías, esculturas y vídeos y todas las piezas conforman “un territorio de cuento que nos seduce para luego perturbarnos”.

La “brillante” instalación de Banet forma parte de un vasto proyecto expositivo “muy narrativo e interdisciplinar” que, bajo el nombre de ‘Las Siamesa Golosas’, cuenta la vida de Sara Li y Ana K, dos hermanas siamesas formadas por restos humanos.

De todas las piezas que componen este proyecto, la fábrica de conservas es una de las piezas más importantes de su trayectoria, por el reto que supuso crear una pieza de estas dimensiones y por tratarse de una obra que engloba gran número de piezas muy diversas (siamesas, órganos, botellas, latas, trajes de las trabajadoras, etc.).

La idea es que los visitantes puedan entrar en la fábrica y ver todo el proceso de producción -la selección de cuerpos, la preparación de vísceras, el envasado y el etiquetado de los productos- de la comida caníbal que preparan las siamesas: pechitos de venus, cerebros de obsesos, ojos secos, fetos tiernos, corazones de amante, reducciones de vísceras, intestinos, ojos en su jugo, rabos en salsa, dedos crujientes, riñones rellenos, lenguas frescas, orejas fritas, lágrimas de dolor, de amor, de rabia bloody Mary o sangría.    

La obra tiene como eje central a las siamesas que en su todavía breve vida, han creado una fábrica de conservas que lleva su apellido. Un pequeño negocio familiar donde cocinan, como anteriormente hicieran sus madres, platos realizados con sus propios sentimientos.