Una vivienda sostenible es aquella que, siendo respetuosa con el medio ambiente, optimiza el consumo energético con un menor gasto económico y un alto nivel de confort. Los principales parámetros que definen a una vivienda sostenible son la ubicación, los materiales de construcción, las fuentes de energía renovables, la ventilación y la habitabilidad.

Cuando se construye un bloque de viviendas o una casa es esencial tener en cuenta la orientación para maximizar los recursos de energía naturales, beneficiándose del sol en los meses de invierno y evitando la sobreexposición durante el verano.

El uso de materiales de construcción basados en materias primas ecológicas, como es el caso del PVC,  la piedra o el corcho, garantizan un buen aislamiento. En cuanto a las ventanas, un vidrio más grueso y juntas bien selladas son una buena manera de evitar el recalentamiento que sufren las casas, sobre todo en los meses estivales. Es un gasto pequeño que puede ayudar en gran medida a hacer una vivienda más sostenible.

Las placas solares o sistemas de calefacción eficientes, así como el suelo radiante y los sistemas de reciclaje son, a priori, instalaciones algo costosas pero que, a la larga, resultan rentables. La ventilación es otro aspecto esencial, ya que evita la estanqueidad del aire, y la habitabilidad de la vivienda.

Por último, una vivienda sostenible con electrodomésticos eficientes, iluminación led y una buena cualificación energética puede conllevar un ahorro de más de un 50% en la factura mensual con respecto a los inmueble.