Leonardo Torres Quevedo fue «un adelantado a su época» en infinidad de campos, y también en uno, quizá, menos conocido como fue la conservación de su archivo personal. Lucía Fernández ha aprovechado la oportunidad que le ha ofrecido el que la familia del ingeniero haya cedido la gestión de dicho archivo a la Universidad de Cantabria (UC) para desarrollar una tesis doctoral, por la que ha obtenido sobresaliente cum laude, y que abre un amplio campo a la investigación en el contexto de los archivos personales de científicos, una novedosa línea de investigación en nuestro país.   

La tesis, dirigida por Virginia María Cuñat, del grupo de investigación de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la UC, lleva por título ‘La descripción en archivos personales (procedimientos y normativas): el fondo de Leonardo Torres Quevedo’, fondo que se compone de su archivo, la biblioteca científica y objetos singulares del destacado personaje.

En total, según ha informado la UC, Lucía Fernández ha catalogado 9.910 bienes culturales entre correspondencia, instancias, proyectos, bocetos, patentes, notas manuscritas, cálculos, fotografías, libros, publicaciones periódicas, separatas o recortes de prensa..

Tras su intenso trabajo, una de las conclusiones evidentes, para la ya doctora es que «Torres Quevedo fue, en el siglo XIX, el investigador I+D+i por el excelencia y  tuvo la sensibilidad de guardar sus papeles, para que no le usurparan la autoría de sus inventos».

La catalogación del fondo documental del inventor y empresario Leonardo Torres Quevedo, de importancia nacional e internacional y clave para la historia de la ciencia del siglo XIX y XX en nuestro país, ha permitido rescatar también archivos y curiosos objetos relacionados con una de sus creaciones y que este año cumple el centenario de su inauguración: el trasbordador o Spanish Aerocar de las cataratas del Niágara. «En estos cien años, nunca ha tenido ningún problema y sigue funcionando tal y como el primer día».

El transbordador de 580 metros de longitud es un funicular aéreo que une dos puntos diferentes de la orilla canadiense del río Niágara. Se construyó entre 1914 y 1916, siendo un proyecto ideado por el español, Torres Quevedo, y construido por una empresa española, The Niágara Spanish Aerocar Co. Limited). El transbordador, con pequeñas modificaciones, sigue en activo, sin ningún accidente significativo, constituyendo como un atractivo turístico.

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