La Consejería de Educación, Cultura y Deporte ha publicado este miércoles en el Boletín Oficial de Cantabria el acuerdo del Consejo de Gobierno, de 29 de enero, por el que se procede a la declaración de las Marzas como Bien de Interés Cultural Etnográfico Inmaterial. 

Cultura anunció en mayo de 2014 que el juego de los bolos, la música y el tañido del rabel y las marzas, serían los primeros Bienes de Interés Cultural Inmateriales de Cantabria. 

El expediente comenzó como iniciativa del Gobierno de Cantabria, que quiere preservar y poner en valor esta “cultura viva”, que además es la primera que se declara en la región siguiendo la recomendación de la UNESCO de promover los BIC inmateriales. 

Las marzas son una de las celebraciones de más antigua tradición en Cantabria, en donde aún tienen una amplia presencia. Consisten en rondas de mozos que cantan romances petitorios en la última noche de febrero y el primer día de marzo por toda la región, recordando la entrada del año y el comienzo del ciclo agrario en el antiguo calendario romano. 

Las marzas han terminado evolucionando a espectáculo folklórico en pueblos y ciudades de la región. Si bien se celebran en prácticamente toda la comunidad autónoma, hoy tienen especial predicamento en las zonas rurales de los valles del interior de Cantabria, principalmente en Campoo, Ruesga y Soba. 

Aunque las rondas tradicionales se desplazaban, y aún lo hacen, por todas las casas de la vecindad y también por las casas de las aldeas próximas, en el ámbito urbano se cantan en teatros y plazas o por los bares en Reinosa y Torrelavega. 

Las marzas incluyen un conjunto de actos, bastante ritualizados en las marzas tradicionales, en los que se ponen de manifiesto rasgos patrimoniales de sumo interés: mostraban la pervivencia en las aldeas de la estructuración social y la organización vecinal, resaltaban la preeminencia masculina en la misma y actuaban como instrumento de integración y control social de la comunidad. 

La costumbre originaria de que participasen en las marzas solamente los varones solteros que habían abandonado la edad pueril, ha cambiado en la actualidad y ahora se trata, fundamentalmente, de grupos de aficionados o semiprofesionales del canto, que continúan formando parte de la vivencia etnográfica y revela su resistencia a desaparecer y su virtualidad contemporánea.

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