El Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira ha reabierto la exposición ‘El arte de reproducir el arte. Pared, pigmento, pixel’, sobre las diferentes técnicas y resultados de reproducir el arte rupestre, así como su evolución desde los primeros dibujos del siglo XIX hasta los actuales modelos 3D.

Organizada por el Ministerio de Cultura, en colaboración con el Pôle International de la Préhistoire (Les Eyzies de Tayac-Sirueil, Dordoña), la muestra propone hasta el 13 de octubre una inmersión en el universo de los facsímiles -físicos o virtuales- de las cuevas con arte rupestre y de tres de sus principales ejemplos: la Neocueva de Altamira, en Cantabria; y el Lascaux Centre International de l’Art parietal y la Caverne du Pont d’Arc, en Francia.

La exposición materializa así un largo trabajo de cooperación entre el Museo de Altamira y algunas de las más importantes instituciones de gestión del patrimonio de la Dordoña francesa, que permite subrayar el enorme valor de estas réplicas en el desarrollo cultural, científico y turístico y, en definitiva, en la puesta en valor de los territorios donde se ubican, ha informado el Museo Altamira en nota de prensa.

Los facsímiles de estas joyas del arte parietal paleolítico son fruto de una reflexión científica y multidisciplinar a partir de los originales, que cuenta con la participación de geólogos, arqueólogos, topógrafos, dibujantes o fresadores.

En el caso de la cueva de Altamira, esta labor permitió recuperar la caverna tal y como la conocieron los artistas paleolíticos, recreando para ello las pinturas sobre el soporte con las mismas materias primas utilizadas en la Prehistoria: óxidos de hierro para el rojo Altamira, carbón vegetal para el negro y el agua como aglutinante, así como las técnicas de la época: aerógrafos o trazos con los dedos.

Instrumentos, fotografías y audiovisuales para conocer las cuevas La exposición se apoya en una variada y completa colección de fotografías y audiovisuales procedentes del propio Museo de Altamira y de las cuevas francesas.

Se exhiben también diversos instrumentos tecnológicos utilizados en su construcción, como los cedidos por el Instituto Geográfico Nacional de Cantabria, organismo encargado de realizar los trabajos topográficos y fotogramétricos para la realización de la Neocueva, y que permitieron emprender una obra de proporciones ingentes para la época.

La fotogrametría llegó a definir de forma exhaustiva la topografía del techo de la Sala de Polícromos, midiéndose 40.000 puntos por metro cuadrado, hasta un total de 5.800.000 puntos.