Comer pescado ha sido siempre parte de la tradición cultural cántabra y de muchas otras sociedades y, en los últimos años, su consumo mundial ha aumentado en millones de toneladas. Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO en sus siglas en inglés) estiman que 40 millones de toneladas más serán necesarios en el año 2030 solo para mantener los actuales niveles de consumo.

La acuicultura se presenta como una solución para este incremento. Consiste en la producción controlada de organismos acuáticos a través de la aplicación de tecnología e investigación. Además, es la forma más eficaz y sostenible de asegurar que haya suficiente producto para abastecer a distribuidoras de pescados y mariscos, restaurantes, supermercados e incluso tiendas de marisco online. En definitiva, a un mundo con una población en aumento.

Solo en España, el sector de la acuicultura produce más de 300.000 toneladas de peces, crustáceos y moluscos, con una clara predominancia de estos últimos. De hecho, la mayor parte de la producción total, unas 245.000 toneladas anuales, se destina al mejillón.

Esta industria utiliza una variada tipología de instalaciones que aprovechan los múltiples recursos hídricos disponibles, ya sea en la costa o en ríos, lagos o cursos fluviales. Las instalaciones se dividen en las siguientes categorías:

  • Viveros o jaulas en el mar.
  • Bateas y long-lines en el mar.
  • Granjas de agua salada en tierra firme.
  • Granjas de mallas o estanques de agua salada en playas, zona intermareal y esteros.
  • Granjas de agua dulce con circulación por gravedad, en tierra firme.

Como reconoce la FAO, la acuicultura actualmente desempeña una importante función, que seguirá teniendo, en el aumento de la producción mundial de pescado y la satisfacción del incremento de la demanda de productos pesqueros. La organización hace hincapié en la función cada vez más importante y complementaria de la acuicultura y la pesca continental en la producción de pescado para consumo humano, y para mitigar la pobreza de muchas zonas rurales.

Teniendo en cuenta su comportamiento dinámico en los últimos 30 años y la disminución de la pesca de captura, es probable que el crecimiento futuro del sector pesquero derive principalmente de la acuicultura.

Por ello, el gran reto de esta joven industria que ya proporciona más de la mitad del pescado que se consume en el mundo, es lograr una producción sostenible.

Como señala la FAO, una estrategia sostenible para la acuicultura necesita asegurar un desarrollo ordenado y una buena gestión del medio ambiente en beneficio de las generaciones futuras.

Tampoco podemos olvidar que se deben crear y mantener ambientes favorables para que las comunidades prosperen, haya más oportunidades para mejorar los medios de vida, se mejore la nutrición de la población, y los agricultores y las mujeres se vean empoderados.  Todo ello pasa por reconocer el hecho de que los acuicultores deben obtener una recompensa justa por su trabajo, garantizar una distribución equitativa de los beneficios y los costes, promover la creación de riqueza y empleo, y asegurarse de que hay suficientes alimentos disponibles para todos.