Cerca de 700 voluntarios del Proyecto Ríos analizaron el año pasado 56 tramos en Cantabria, que suman 28 kilómetros de longitud, y de los cuales cuatro presentan un estado ecológico «muy malo», con una calidad de agua «deficiente» y un bosque de ribera con «alteraciones importantes».

Además, en seis de cada diez la calidad del agua es «moderada» –no tiene la suficiente para ser buena pero tampoco es deficiente o mala– aunque en ninguno se identificó como «mala».

Así se desprende el informe del proyecto correspondiente a 2020, del que han informado este martes en rueda de prensa el consejero de Desarrollo Rural, Guillermo Blanco, y el técnico de Red Cambera, Nacho Cloux.

Según el estudio, elaborado por la asociación en colaboración con el Gobierno regional, en 32 tramos se detectó flora exótica invasora, y en todos ellos había cien poblaciones diferentes de 14 especies distintas.

La campaña de inspección, que se desarrolló entre mayo y octubre por primera vez a través de la aplicación móvil ‘RíosConCienciApp’, concluyó que un tercio de las partes estudiadas tienen un «buen» o «muy buen estado» ecológico.

Y en general, por los cauces analizados fluyen aguas transparentes y sin olores, que ponen de manifiesto que no hay afecciones importantes, con temperaturas que oscilan entre los 9 y los 20 grados.

En cuanto al nivel del agua, la práctica totalidad de los tramos muestreados durante la primavera presentaron un nivel habitual para esa época del año, si bien el porcentaje varió en otoño al aparecer un tercio de ellos con valores por encima de su caudal habitual.

Respecto a los bosques de ribera, el 40 por ciento de los tramos inspeccionados mostraban alteraciones significativas y afecciones en su estructura.

También se identificaron más de 2.000 residuos, de los que el 64 por ciento eran plásticos, el 13 por ciento de otro tipo y el 8 por ciento metálicos, además de una decena de vertidos, la mitad domésticos.

Blanco ha agradecido a los voluntarios su contribución, ya que a pesar de la situación generada por la pandemia del coronavirus, han seguido trabajando para mejorar los ecosistemas fluviales, a través de la educación ambiental, el voluntariado, la ciencia ciudadana y la custodia del territorio.

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