España encara un nuevo episodio de temperaturas extremas con una red de protección todavía insuficiente. Solo 19 de las 52 capitales de provincia cuentan con refugios climáticos identificados, apenas tres más que en 2025, según el último balance de Greenpeace. La organización considera que el avance es demasiado lento ante el aumento de las olas de calor y advierte de que la falta de recursos afecta especialmente a la infancia, las personas mayores y quienes padecen enfermedades crónicas.
El calor se ha convertido, según la entidad ecologista, en un problema creciente de salud pública. Greenpeace cifra en más de 1.000 las muertes atribuibles a las altas temperaturas durante junio, con más de 200 concentradas en la primera ola de calor. La ONG insiste en que no basta con identificar un edificio o un parque como refugio: estos espacios deben ser gratuitos, accesibles, cercanos, informados y operativos durante las horas de mayor riesgo.
Una red limitada y con deficiencias de acceso
El análisis alerta de que muchas ciudades carecen de refugios o mantienen redes con problemas de horarios, señalización o condiciones insuficientes. Oviedo, Santander, Lugo y Santiago siguen sin ningún espacio de este tipo, mientras que otras capitales incluyen lugares cuya utilidad es cuestionada por la falta de sombra, agua o zonas de descanso.
La situación también presenta carencias en el centro y el Mediterráneo. Extremadura y Castilla-La Mancha no disponen de refugios en sus principales ciudades; Madrid no ofrece un mapa municipal claro de los espacios anunciados; y Zaragoza, única capital aragonesa con esta red, presenta limitaciones de horario. Cataluña cuenta con una infraestructura más amplia, especialmente en Barcelona, aunque las restricciones de apertura reducen su efectividad en los momentos de más calor.
Santander evidencia el impacto de la isla de calor urbana
El caso de Santander refleja cómo el diseño urbano puede agravar los efectos de las altas temperaturas. Durante la reciente ola de calor, vecinos y grupos de la oposición denunciaron registros de hasta 66 grados en algunas superficies urbanas y temperaturas superiores a 60 grados en los suelos de varios parques infantiles. Las críticas apuntaron al predominio del asfalto y a la escasez de zonas verdes capaces de regular la temperatura.
La capital cántabra no cuenta con refugios climáticos, pese a que el norte peninsular también ha vivido alertas sanitarias por calor. Greenpeace reclama que estos espacios se integren en planes de adaptación más amplios, con arbolado, sombra, fuentes de agua y áreas de descanso. Los refugios son una medida inmediata, pero la adaptación de las ciudades requiere transformar el espacio público antes de que el calor extremo deje de ser excepcional.






