La Biblioteca Central de Cantabria acogerá este viernes día 4, a las 19.00 horas, la proyección del documental ‘Las que se fueron a servir’, de la cántabra Patricia Hernández Guerrero, a la que seguirá un coloquio.

El largometraje forma parte del trabajo de investigación que la Comisión de Memoria ha realizado en los valles de Iguña y Anievas, gracias a la colaboración de ocho mujeres que, en la década de 1940 y 1950, siendo adolescentes, dejaron a sus familias y sus pueblos para ir a servir.

‘Las que fueron a servir’ da voz a estas mujeres invisibilizadas, mostrando sus duras experiencias de trabajo, soledad y sacrificio, narradas en primera persona, aunque también su impresión de que, en líneas generales, fue un cambio positivo en sus vidas.

Explora temas como la pobreza rural, las migraciones internas y las relaciones de poder entre empleadores y criadas a través de emotivas entrevistas, se refleja su entereza y el impacto de su silencio en la memoria colectiva.

Se trata de un homenaje de la Biblioteca a estas mujeres y una invitación a recuperar su lugar en la historia.

Tras la proyección, tendrá lugar un coloquio con la historiadora doctorada por la Universidad del País Vasco, Eider de Dios Fernández, autora de la tesis doctoral ‘Sirvienta, empleada, trabajadora de hogar. Clase, género e identidad en el Gran Bilbao a través del servicio doméstico (1939-1985)’, que recibió el XXVII Premio Internacional de Investigación Internacional Victoria Kent y el VIII Premio Miguel Artola y en 2019 el Premio a la Mejor Monografía en Ciencias Sociales y Jurídicas en los XXII Premios Nacionales de Edición Universitaria.

Patricia Hernández Guerrero, cortometrajista cántabra, estudió Bellas Artes y Dirección Cinematográfica y este es su primer documental. La joven directora ha escogido vivir en este valle inspirada por sus paisajes rurales y relatos antiguos.

Motivada por esa realidad, decidió adentrarse en las vivencias de estas ocho mujeres adoptando un tono intimista que permite al espectador sentirse cercano a las protagonistas.

Uno de los mayores retos del proceso, según la directora, fue decidir qué dejar fuera del montaje final. Con ocho horas de grabación y solo media hora de documental, tuvo que descartar mucho material, optando porque cada frase fuera un subtema que invitara a la reflexión.

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