La flota cántabra continúa trabajando pese a la crisis del coronavirus pero «no a pleno pulmón», ya que los barcos de cerco de la región han decidido parar su actividad y, en consecuencia, retrasar la costera del bocarte -a partir del cual se elabora la anchoa- hasta al menos el próximo 13 de abril, debido a la prolongación del estado de alarma en toda España y las medidas adoptadas para intentar frenar la pandemia.

La decisión ha sido adoptada por la Cofradía de Pescadores de Cantabria ante la imposibilidad de cumplir en estos barcos -unos 40 en la región- las restricciones de seguridad implantadas por el Covid-19, mientras continúan faenando los buques de artes fijas (unos 80), dedicados estos días al verdel, y donde las capturas se hacen con anzuelos en vez de redes con lo que la seguridad es «mayor».

Así lo ha explicado el presidente de los pescadores y patrón mayor de Santoña, Miguel Fernández, quien ha señalado que el sector trabaja a «medio pistón» en un contexto de emergencia como el actual en el que «hay que ir viendo día a día» la evolución.

Por el momento, han acordado que pare la flota de cerco, pues si bien son barcos más grandes también llevan a bordo más pescadores, con lo cual es imposible cumplir medidas como las distancias de seguridad establecidas.

Además de este motivo de «seguridad», también han tomado la decisión porque los precios en las lonjas -que continúan abiertas en un ambiente de «calma tensa»- se han «desplomado», debido a la caída de la demanda al estar cerrados restaurantes y establecimientos de hostelería, al igual que muchas conserveras.

Pero «seguimos surtiendo a los mercados», ha afirmado Fernández, que ha reconocido que el sector pesquero continúa trabajando aunque ha reducido su actividad hasta situarse en torno al 30 por ciento.